miércoles, 21 de octubre de 2009

Entierro

Como tantas otras veces, a lo largo de sus sesenta años, el sepulturero del cementerio abría una zanja con el fin de preparar el entierro que se celebraría unas horas más tarde.
Pero un pequeño alud provocó, primero, que la carretilla le golpeara la cabeza y, segundo, que la tierra extraída por él momentos antes se le viniera encima, sepultándolo completamente.
Cuando llegó la comitiva, encontraron la tumba cerrada y ningún resto del sepulturero. Alguien se quejó y, como tardaba en aparecer, las autoridades municipales decidieron despedirlo por incumplimiento de contrato.

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